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El texto siguiente forma parte del artículo «Verónica, la virgen del espejo y las tijeras. Leyendas etiológicas y rituales de evocación (1ª parte)»,
publicado en Estudos de Literatura Oral 7-8 (2001-2), pp. 131-160.
Está prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin consentimiento expreso del autor.
 

Introducción
Las raíces de la leyenda
A. Conexión espejo-sangre menstrual.
B. El espejo y el alma-imagen.
C. La dama del espejo.
D. Adivinación mediante el espejo.
Bibliografía
 
 

VERÓNICA, LA VIRGEN DEL ESPEJO Y LAS TIJERAS.
LEYENDAS ETIOLÓGICAS Y RITUALES DE EVOCACIÓN.

Alejandro Arturo González Terriza
 


I. INTRODUCCIÓN

Es la hora de la lechuza:
descifra escrituras el viejo,
se quiebra de pronto el espejo,
sale la vieja con la alcuza.
¡Es la hora de la lechuza!
(Valle-Inclán, La rosa del reloj)

¿Por qué nací entre espejos?
(García Lorca, Canción del naranjo seco)

Un espejo es el alma de una mujer
(dicho japonés; Caeiro, 1993: 125)

 En 1988, el escritor británico Clive Barker publicaba su historia terrorífica “The Forbidden”, incluida en el libro In the Flesh (The Books of Blood V). Tres años más tarde, la historia era llevada al cine con el título de Candyman (1992; dir. Bernard Rose, TriStar Pictures); el éxito hizo viable dos secuelas posteriores, de éxito decreciente: Candyman 2. Farewell to the flesh (1995; dir. Bill Condon, Clarence Pictures) y Candyman 3 - Day of the Dead (1998; dir. Turi Meyer).

 El motivo sobre el que se articula la historia es sencillo: Candyman es un ser fantasmal que se manifiesta en el espejo cuando alguien pronuncia cinco veces su nombre.

 Como resultado de la influencia de estas películas, es posible recoger hoy como leyenda urbana entre los niños y adolescentes norteamericanos una creencia en Candyman y sus poderes que sigue las líneas trazadas por el guión cinematográfico.

 Sin embargo, antes de ser guión y cuento de terror, la historia del ser fantasmal que se aparece en el espejo al ser invocado un número determinado de veces tenía ya una larga trayectoria en el folklore. Como tantas otras veces, lo que hoy es literatura o cine ha sido antes narración oral.

 En efecto, el personaje de Candyman se inspira en una figura previa del folklore urbano norteamericano: Bloody Mary o Mary Worth (entre otros nombres), un fantasma femenino que se aparece en los espejos, y cuyas leyendas no han sido objeto por el momento del estudio detallado que merecen: contamos de momento con el trabajo pionero de Langlois (1980), la aportación, interesante pero escueta, de Brunvand (1986: 80-2) y los trabajos on line de Norder (1999)  y Wells (1999) .

 Es muy probable que el motivo que nos ocupa (una demonesa o fantasma femenino que se manifiesta en los espejos) se encuentre en el folklore de varias culturas. En este artículo voy a centrarme en una manifestación concreta del mismo: la que se da en España, centrada alrededor de la figura de Verónica. Básicamente, la creencia afirma que Verónica fue una muchacha que murió de forma violenta, y cuyo espíritu se manifiesta en los espejos (más raramente, fuera de ellos). Para facilitar el análisis, establezco desde el inicio una distinción entre las leyendas etiológicas (los relatos que explican cómo murió Verónica) y las descripciones del ritual necesario para invocar su espíritu. Ambas están, por supuesto, íntimamente ligadas.

La base de este estudio la constituyen dos grupos de testimonios sobre Verónica inéditos hasta ahora: los recogidos por mí de alumnos informantes del instituto Vegas Bajas de Montijo, Extremadura, entre los años 98 y 99 y los recogidos en 1998 entre alumnos de la localidad madrileña de Coslada por José Manuel Pedrosa.

Como material comparativo, me referiré con frecuencia a testimonios, también inéditos en su mayoría, de las leyendas sobre el correlato norteamericano de Verónica, Bloody Mary.

Quiero agradecer especialmente a mis alumnos informantes de Montijo y Navalmoral de la Mata, así como a J.M. Pedrosa, la confianza con que me ofrecieron el material que ha hecho posible esta investigación: este trabajo es, en la medida de mis posibilidades, un esfuerzo por corresponder a su generosidad.

 

II. LAS RAÍCES DE LA LEYENDA
 

 A. CONEXIÓN ESPEJO-SANGRE MENSTRUAL


 En un interesante tratado Sobre los sueños (Insomn. 459b) Aristóteles nos recoge una creencia bien curiosa: se cree que los espejos se empañan cuando se mira en ellos una mujer que menstrúa:

 

Pues en los espejos perfectamente limpios, cuando las mujeres les dirigen su mirada durante la menstruación, la superficie del espejo se torna cual nube sangrienta.
 Plinio vuelve sobre la cuestión en su Historia Natural con las siguientes palabras:

 

sed nihil facile reperiatur mulierum profluvio magis monstrificum. acescunt superventu musta, sterilescunt <t>actae fruges, moriuntur insita, exuruntur hortorum germina, fructus arborum, quibus insidere, decidunt, speculorum fulgor aspectu ipso hebetatur, acies ferri praestringitur, eboris nitor, alvi apium moriuntur, aes etiam ac ferrum robigo protinus corripit odorque dirus aera, et in rabiem aguntur gustato eo canes atque insanabili veneno morsus inficitur.
 Pero no se hallará con facilidad nada más prodigioso que el flujo menstrual de las mujeres. El mosto se agria cuando aparece, las mieses que toca se vuelven estériles, los brotes de los huertos se consumen, caen los frutos de los árboles en los que moran, el fulgor de los espejos se empaña con la mera mirada, el filo del hierro y el brillo del marfil se embotan, las colmenas de abejas se mueren, incluso el bronce y el hierro se oxidan continuamente y un olor funesto corrompe los objetos de bronce, y los perros que lo prueban se vuelven rabiosos y su mordedura infecta con un veneno incurable.
 La creencia se mantiene en la Europa medieval, conduciendo a una asociación entre la mujer menstruante y el basilisco, cuya mirada provoca la muerte (Jacquart y Thomasset, 1989: 67-75).  Como otras relacionadas con la menstruación, parece no haber desaparecido por completo: del mismo modo que en nuestro país aún se cree popularmente que la mayonesa corre el riesgo de cortarse si la mira una mujer con el período, según Kuryluk (1991: 162) aún hoy hay tribus nómadas turcas que aíslan a las mujeres durante la menstruación en tiendas especiales en las que está prohibida cualquier superficie reflectante.

 No todos los espejos sangrientos aparecen, sin embargo, en relación directa con la menstruación. La imagen sangrienta del espejo puede ser resultado de la ruptura de un tabú, como sucede en un cuento romántico de inspiración tradicional:

 

 El anillo mágico (Der Zauberring, 1813) de Friedrich de la Motte Fouqué, uno de los cuentos más populares del período napoleónico en Alemania, hace asimismo referencia a un espejo mágico que ofrece a los ojos del inocente observador los múltiples encantos de grandiosos y lejanos reinos. Pero como sucede con harta frecuencia en las fábulas el espejo se rige por un tabú. Cuando la protagonista, Berta, descorre la cortina del espejo transgrediendo así la expresa prohibición, éste adquiere un tono profético y revela a la horrorizada muchacha su futura imagen, cubierta de sangre. (Ziolkowski, 1980: 145-6).
 
B. EL ESPEJO Y EL ALMA-IMAGEN


Otra creencia importante sobre los espejos se encuentra sumamente extendida, tanto dentro como fuera de la Península: cuando un moribundo está a punto de dejar este mundo, se cubren los espejos, por temor a que el alma del agonizante quede encerrada en ellos.

 Así, por citar sólo tres ejemplos hispánicos, encontramos los siguientes testimonios: escribe José María Barandiarán en sus Estelas funerarias del País Vasco:

 

 Poco después de la defunción, según es costumbre de algunas comarcas, cubren con velo negro una colmena del colmenar de la casa, el escudo de armas que figure en la fachada del edificio, los espejos de las habitaciones, el ramillete de flores recogidas el día de San Juan que se halla sujeto a la puerta principal. (Barandiarán, 1970: 15).
 En Colombia y Argentina encontramos sendas versiones del motivo:

 

 Tapaban los espejos, porque decían que a veces encarcelaban las almas. (Pedrosa, 1999a: 97)

 En el campo dicen que los espejos pueden retener las almas de los que recién han expirado. Es por eso que apenas fallece alguien, en su casa se tapan todos los espejos para que no se quede su alma penando en este mundo, al igual que se le cortan o raspan los tacos de los zapatos para que ni un granito de tierra tiente al difunto de quedarse en estos lugares o lo retenga en el plano terrenal. (Marcela Sabio, Argentina: comunicación personal al autor por correo electrónico, 25-10-99).

 Frazer (1951: 233) expone la creencia como universal, dándole un matiz adicional: no sólo el espíritu del fallecido mora en el espejo, sino que puede desde su interior atrapar las almas de los que se reflejan en él:

 

  Además, también podemos explicarnos ahora la extendida costumbre de cubrir espejos o ponerlos vueltos contra la pared, después de morir alguno en la casa. Se teme que las almas de los vivos, proyectadas fuera de las personas en forma de reflejos, en el espejo, puedan ser llevadas por el espíritu del fallecido, que comúnmente se supone ronda por la casa hasta el entierro.
Esta creencia tiene que ver, como nota el propio Frazer en el mismo pasaje, con la conexión universal entre el alma y la imagen de uno mismo en un espejo (sea éste de agua, metal o cristal).  Los vampiros, carentes de alma, no se reflejan en los espejos (Ziolkowski, 1980: 141) : las almas sin cuerpo, en cambio, aparecen en los espejos como imágenes sin correlato físico. Como observa Ziolkowski (1980: 141), al ser el alma la imagen-espejo, el espejo representa el reino de las almas, los espíritus y los muertos.

Nada tiene de extrañar entonces que la identidad funcione en ambos sentidos. Si el espejo es el mundo de los muertos, a su vez el mundo de los muertos tiende en las tradiciones populares a concebirse como un espejo del mundo de los vivos, al cual invierte en cada uno de sus trazos:

 

Hay un rasgo bastante constante: el mundo de los muertos es la exacta contrapartida del de los vivientes. Todo está allí al revés. En el mundo de abajo, las condiciones están, bajo todos los puntos de vista, en oposición a las de este mundo. Allí, por ejemplo, el sol y la luna viajan del Oeste al Este, pese a tratarse de los mismos astros que iluminan nuestro mundo (S.A. Barret, The Capaya Indians of Ecuador, II, p. 352). Cuando los muertos descienden la escalera, es siempre la cabeza la que avanza primero... Sus asambleas y, en general, toda su actividad es nocturna. Durante el día duermen; durante la noche corren de un lado a otro, preferentemente durante las primeras fases de la luna (J. Warneck, Die Religion der Batak, p. 74). En la isla de Aua (Pacífico) las canoas del mundo de los muertos (spirit world) flotan por encima de la superficie del agua con la quilla al aire por debajo de los pueblos de los muertos y el equipaje está colocado de abajo arriba [G.L.F. Pitt-Rivers, Aua island. Ethnographical and sociological features of a South Sea pagan society, JAI XLV (1925), p. 434]. Hablan el mismo lenguaje que los vivos, pero las palabras tienen sentido opuesto: blanco significa negro; negro, blanco, etc. (W.C. Schadee, “Het familienleben en familienrecht der Dajaks van Landak en Tajan”, Bijdragen tot de taal-, land- en volkenkunde van Nederlandsch-Indië, 1910, p. 413). En el país de las almas, éstas hablan la misma lengua que en la tierra, sólo que cada palabra tiene precisamente el sentido contrario al que tenía; por ejemplo, dulce significa amargo, y amargo significa dulce. Estar de pie significa estar acostado, etc. (A. C. Kruyt, Het animisme in den indischen Archipel, p. 380). Esta creencia se halla extendida también por el resto del mundo —y no sólo en Indonesia—. Explica, por una parte, por qué los primitivos, casi en todas partes, tienen tanto miedo de encontrarse fuera en medio de la noche oscura. Entonces sólo dejan salir a algunos pocos y siempre provistos de fuego. No temen tanto las bestias feroces que podrían atacarles cuanto los muertos que se exponen a encontrarse en el camino. Pues lo que para nosotros es el día, para los muertos es la noche. Así que aparece el alba, ha pasado ya el peligro. Los muertos van entonces a dormir. (Lévy-Bruhl, 1985: 293-4.)
 
 C. LA DAMA DEL ESPEJO


El Rey de Sevilla
le dijo a mi madre:
tienes una hija mágica,
que al mismo Rey Errante
le ha arrebatado el juicio.
Aquél que la llama
en el espejo mágico
ve la cara de un ángel
que vuelve de su exilio
(Al-Bayati, Lluvia sobre el Atlas)

 El espejo se asocia con frecuencia no sólo con almas, sino también con demonios. El Diablo por excelencia de nuestra tradición, masculino, ronda a veces los espejos. Así, por ejemplo, en la tradición popular portuguesa y peruana:
 

 Quem se vê a um espelho à noite com uma luz en la mão, vê dentro do espelho o Diabo (Pedroso, 1988: 154, nº 306). Quem se vê de noite sem luz ao espelho vê o Diabo (Pedroso, 1988: 160, nº 384).

 Allá en Lima se cuenta que, si tú estas con la vela encendida y te miras a un espejo, sobre las doce de la noche, la cara se te deforma y se te aparece el demonio. Pero tienes que estar muy concentrado. (Pedrosa, 1999b: 138)

 En su estudio sobre cien tradiciones norteamericanas referidas al fantasma femenino de los espejos, Bloody Mary, Norder (1999) escribe que la tercera entidad que se menciona más comúnmente como invocada en un espejo mediante un ritual es el Demonio en persona, en cinco de las historias. Un testimonio recogido por Mikkelson (2000) afirma:

 

I was told that if you said “Hell Mary” seven times in front of a mirror in a dark room, you would see Satan's image in the mirror. The story was embellished further by the teller, who claimed that after three “Hell Mary”, the mirror turned red, and that after five an unclear face appeared.

[Me contaron que si decías “Hell Mary” siete veces frente a un espejo en una habitación oscura veías la imagen de Satán en el espejo. El narrador embelleció la historia, afirmando que después de tres “Hell Mary” el espejo se volvía rojo, y que después de cinco aparecía un rostro borroso.]

 Stith Thompson recoge la siguiente creencia en el motivo *D1323.1 y G303.6.1.4 de su Index: “El demonio aparece cuando una mujer se mira en el espejo después de la puesta del sol”. Mozzani (1995 s.v. Miroir) recoge también esta advertencia: quienquiera que se mire en el espejo por la noche, es tan cierto como el Evangelio que verá al Maligno, y en vez de embellecerse se volverá más feo. La terrible visión acontece también a veces a las muchachas que se miran en él con demasiada frecuencia, aunque no sea de noche: en 1691 una joven inglesa habría, supuestamente, enloquecido como resultado de tal aparición. Mozzani añade que, según un proverbio medieval, el espejo es el verdadero culo del diablo: el proverbio se ve confirmado por narraciones y representaciones pictóricas en las que, en vez del rostro de la mujer que se mira en el espejo, aparecen en el mismo las peludas posaderas de Satán.

Para analizar las leyendas sobre Verónica nos interesan más todavía las leyendas relativas a demonesas del espejo. Contamos con una noticia, fascinante cuanto parca, sobre una creencia medieval según la cual en los espejos se manifestaba una Lamia  o Striga:

 

Christianus, qui crediderit esse lamiam in speculo, quae interpretatur Striga, excommunicandus, quicumque super animam famam istam imposuerit (Sínodo de san Patricio, Auxilio e Isernino, can. 16; c. 460).

El cristiano que creyere que hay una lamia en el espejo, a la que se toma por striga, debe ser excomulgado, sea quien sea quien haya puesto esta creencia en su alma.

En el folklore judío de Túnez encontramos una curiosa historia sobre Lilith, la demonesa que ataca los niños e intenta seducir a los hombres.  En este cuento, “La cueva de Lilith” (Schwartz, 1988: 120-2, 241) se nos dice que los espejos son puertas al reino de Lilith y que las jóvenes que se miran con frecuencia en ellos deberían tener cuidado. Corren, en efecto, el riesgo de caer dentro de ese mundo, del que no es posible regresar.

 

Pues todos los espejos son una vías de entrada al Otro Mundo y conducen directamente a la cueva de Lilith. Ésta es la cueva donde fue Lilith cuando abandonó a Adán y el Jardín del Edén para siempre, la cueva donde se divirtió con sus amantes los demonios. De estas uniones nacieron multitud de demonios, que salieron en tropel de esa cueva y se infiltraron en el mundo. Y cuando quieren volver, sencillamente entran en el espejo más cercano. Por esa razón se dice que Lilith ha hecho su hogar en todos los espejos. (Schwartz, 1988: 120-1).
 En dicho relato, las víctimas favoritas de Lilith son las muchachas jóvenes que se miran al espejo por exceso de coquetería: ello nos recuerda la asociación entre el espejo y la vanidad femenina, que se expresa en la figura medieval de la sirena mirándose sempiternamente al espejo y en la reina malvada de Blancanieves, eternamente preocupada por si sigue siendo o no la más hermosa del reino.
 

 D. ADIVINACIÓN MEDIANTE EL ESPEJO


 En el cuento de Blancanieves, la reina recurre al espejo movida por su coquetería: sin embargo, no busca contemplar su rostro, sino consultar al espejo parlante para tener acceso al conocimiento que el objeto mágico atesora. En otras palabras, la reina practica una de las más extendidas mancias: la catoptromancia (del griego kátoptron, espejo) o adivinación mediante el espejo.

 La catoptromancia, estudiada monográficamente por Delatte (1932), es un procedimiento mágico muy extendido.  Como muestra de su presencia en nuestra tradición, examinemos el siguiente testimonio, que la vincula con la noche de san Juan:

 

Sobre espejos y ver el futuro siempre he asociado la imagen a la noche de San Juan, esa noche las doncellas (siempre debe ser virgen) pueden ver en un espejo reflejada la cara del hombre con el que se han de casar, aunque también encuentran la imagen buscada reflejada en un barreño con agua de lluvia en el caso de que esa noche haya luna llena, en el que se introduce algo (no consigo recordar el qué), en este caso el agua de lluvia iluminada por la luna hace las veces de espejo. (Sol Tarrés, mensaje a la lista de distribución Memoria, 10/10/98.)
 En las tradiciones anglosajonas hallamos rituales semejantes:

 

Las mujeres jóvenes (habitualmente, aunque ocasionalmente algún varón realizaba un encantamiento similar) ponían en práctica ciertos conjuros pensados para revelar la identidad de la persona con que se iban a casar. A veces la muchacha comía una manzana roja y se cepillaba el pelo a medianoche en frente del espejo, y era recompensada con la imagen de su futuro marido. Otras acciones rituales incluían cepillarse el pelo, mirar atrás por encima del hombro, dar vueltas en círculo, usar un cuchillo para cortar una manzana o muchas otras. (Norder, 1999.)
 Catoptromancia y necromancia confluyen sin dificultad, llevándonos a rituales que, como tendremos ocasión de comprobar, resultan muy similares a algunos de los relacionados con Verónica:

 

 Ocasionalmente, pueden hacerse conjuros al alma del difunto con fines adivinatorios. Pero siempre existe el peligro de que el alma así evocada no quiera estarse quieta en el espejo y surja, por ejemplo, del cristal en forma de fantasma (Ziolkowski, 1980: 142).
 Tenemos, pues, atestiguados desde antiguo varios elementos clave que vamos a encontrar combinados en las leyendas y rituales referidos a Verónica: la conexión espejo/sangre, la idea de que el espejo es lugar donde se encuentran atrapadas ciertas almas, la vinculación con un personaje femenino siniestro y el uso adivinatorio de las superficies reflectantes, en conexión o no con la evocación necromántica de difuntos.
 
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BIBLIOGRAFÍA


Alejandro A. González Terriza
agonza59@encina.pntic.mec.es
 

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